Luego de estar en Ginebra agarramos un tren a París, muy rápido y con camitas para dormir.
París es una ciudad que jamás pensé que me fuese a gustar tanto, de hecho nunca tuve mucha fascinación por ella hasta que la conocí. Es hermosa, con de una arquitectura monumental, el río Sena la atraviesa, con puentes y grandes museos que conservan piezas invaluables, patrimonio de la humanidad (que a mi parecer deberían regresar a sus países de origen…)
No puedo hablar mucho de los parisinos puesto que no los conocí bien, mamí y yo nos quedamos en un hotelito, se llama la Grand Hotel Nouvel Opera, chévere cerca de La Bastilla, un barrio lleno de judíos ortodoxos, africanos, indios, árabes, pakistaníes, de todos lados del mundo.
Compramos un ticket de 4 días para visitar varios museos, y como tenían horario de verano, pues era muy útil ya que todavía hasta las 10 de la noche podíamos estar admirando el atardecer desde el Arco del Triunfo, luego de haber pateado por todos los museos que pudimos.
Caminamos mucho, vimos mucho, me impresionó enormemente ver las obras que uno admiró cuando estaba en clases de historia del arte; pero algo que te ocultan los libros, y es que no todo es tan blanco y negro como parece… por ejemplo cuando los romanos invadieron Egipto el arte también se mezcló, por esa razón uno consigue piezas como esculturas, dibujos en papiros que tienen algo de egipcio y también algo de la estética romana…
En París conocimos a dos amigas que nos comentó un amigo de aquí que visitáramos, Milene y Ketty son super especiales, artistas y muy críticas tienen también su espacio de fotografías que pueden visitar aquí.
Fotos Imagia
A esta hermosa ciudad hay que ir varias veces, hay tanto que ver y conocer, está marcada por la historia, por sus hechos políticos y por ser fuente de inspiración de grandes pintores y escritores!
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